Dedicatoria (agosto 2011)
Tengo por amigo a un niño con estrellas en los ojos. Su edad se define según el día: en ocasiones se muestra como si tuviera 6 o 7 años, y otros me encontraré con un muchacho de 9, que ya se siente lo bastante mayor como para conquistar sus sueños por el mundo...
Es un niño muy especial. Su imaginación no tiene límites. Sus ganas de jugar tampoco. Le suelo contar cuentos, le canto bajito y, en ocasiones, lo acuno en mis brazos hasta que se duerme... Su cuerpecito es menudo y liviano, y entonces me doy cuenta de que no puedo hacer otra cosa más que quererle y cuidarle mucho, mucho, mucho...
Mi amigo, en realidad, ya es adulto. Y artista. Actúa, canta y baila como los dioses. No ha dejado de soñar ni de querer conquistar el mundo. Pero hay algo, aún mejor: conserva en la mirada a ese niño con estrellas en los ojos que lleva dentro, y ese pequeño sabe mucho acerca de razones por las que maravillarse...
Así pues, hoy doy comienzo a este cuaderno como si fuera un libro, con una dedicatoria para mi amigo:
"Eres precioso, siempre"
Aquí da comienzo un camino, que también forma parte del regalo
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